Es común que veamos la compra de una propiedad como la culminación de un proyecto de vida o la realización de un sueño.
Pero a veces el viento nos cambia el rumbo de nuestra vida y los caminos se tornan inciertos esa decisión de tener “la casita que tanto te prometí” como dice Rafael Hernandez en su canción. Y no fue nada fácil cuando vendimos nuestra casa en Puerto Rico y compramos en Laureldale, PA el miedo a la incertidumbre nos ahogaba. Todo era nuevo para mi familia y los obstáculos fueron muchos ya que fuimos los primeros puertorriqueños en el vecindario y solo hablamos español.
Nos dimos la tarea de hacer de nuestra casa un oasis en el desierto. Ese lugar donde encontrábamos la paz en medio del laberinto que cada uno vivía en el proceso de adaptación a una nueva cultura y no olviden que solo hablábamos español. La casa se convirtió en hogar. Las paredes se adornaron con arte que nos recordaba de donde veníamos. Los aromas de la cocina puertorriqueña ondeaban por el vecindario. La cultura de nuestros vecinos y la nuestra convivieron respetando las diferencias y disfrutando de lo que nos unía.
Y allí fue donde aprendimos la diferencia entre lo que es una casa y hogar. La casa nos brinda las comodidades necesarias pero el hogar lo crea la familia o la persona que lo habita de acuerdo con el ciclo de vida que este viviendo. No importa donde estes crea ese sitio mágico que es el hogar dulce hogar.
Maria M. Garcia, BA, MA







