Muchas veces nos olvidamos que los seres humanos somos seres naturales que habitamos el planeta Tierra. Cuando surgen las catástrofes y las pandemias como la que actualmente estamos viviendo creamos conciencia de la importancia que cada uno de los componentes de esa naturaleza tiene en nuestro bienestar.
Cuando no podemos ir a ningún centro comercial o a un restaurante y el aislamiento social es la orden del día entonces recurrimos a ella. A esa que aunque es impredecible está siempre presente para nosotros. Cuando lo que nos queda es salir a caminar por una vereda donde no haya mucha gente. Cuando sentarnos frente a un lago o a un riachuelo es lo único que podemos disfrutar nos damos cuenta de lo que nos hemos estado perdiendo. Creamos conciencia de que las cosas más sencillas y que están tan cerca no las vemos por qué las damos por sentado y no las valoramos.
Si algún beneficio hemos sacado de este tiempo tan difícil para la humanidad es el que muchos nos hemos reconectado con esa Madre Naturaleza. Con esa madre a la que hay que amar, proteger y seguir disfrutando siempre y no solo cuando nos conviene. Esa madre que es tan hermosa y nos brinda lo mejor de ella a los que sentimos el placer de honrarla y bendecirla en cada nuevo amanecer.
María M. García, BA, MA







